Epílogo

Bien, como todo lo bueno, el viaje tuvo un final. Después de dejar correr algunos días, y ver las cosas con más distancia, algunas se ven diferente.
No estoy tan enojado con las cosas malas que nos pasaron allá. (Los enojos me suelen durar poco) Si, sigo enojado con las personas que hicieron que nos pasen algunas cosas malas. ¿Se entiende?
Hay personas que hacen mal las cosas, pudiéndolas hacer bien. Ese voluntarismo por hacer las cosas mal, es lo que me molesta, lo que no perdono.
Personas así hay en todas partes, acá, en Cuba, y en la China seguramente también.

Algunas cosas para destacar de este viaje:
Me quedo con la sensación de que la revolución avanza. Que maltrecha y golpeada, está fuerte todavía. Creo que los cubanos han aprendido mucho en estos últimos 15 años.
Cuando la URSS les soltó la mano y los dejó solos, Cuba era como un adolescente: algunas pocas verdades irrefutables, mucho por aprender, toda la energía de sus jóvenes años, y unos cuantos borradores llenos de tachaduras, para corregir.
Y me parece que pese a que le tocó crecer solita en medio de un mundo salvaje y siempre dispuesto a llevarla por el mal camino, supo conservar su lugar, su honestidad, su conducta, y se dio algunos lujos que hubieran parecido increíbles hace unos años.
¿Porque digo esto? se preguntarán Uds.
Pues porque vi en nuestro periplo un País que sigue conservando como importantes, valores que en muchas sociedades se han perdido.
Vi un País que sigue considerando la salud y la educación como un derecho natural de todos los habitantes, y ni las ve como negocios, ni las ofrece sólo a aquellos que puedan pagarlas.
Ví un País donde cuando una catástrofe natural golpea, el sistema sostiene a los más expuestos, previene daños mayores y tiene todo previsto para minimizar los daños personales, aún pagando por ello costos altísimos durante todo el tiempo en que no pasa nada. ¿Cuántos países del mundo podrían soportar tres huracanes en pocos días, atravesando todo su territorio y destrozando gran parte de las cosechas y de las viviendas rurales, sin cobrar más que dos o tres víctimas? Eso es un ejemplo de lo que la defensa civil, basada en la solidaridad y la permanente preparación, puede lograr.
Ví un País donde los jóvenes se divierten, con ganas, salen, bailan, andan en la calle de noche, y hacen todas las cosas propias de los jóvenes, pero no vi jóvenes borrachos tirados a la madrugada por las calles, ni ví a ninguno de ellos destruído por el paco, ni encontré a ninguno respirando una bolsita con pegamento.
Ví un País donde la lectura sigue siendo alentada por el Estado, imprimiendo todo tipo de textos para que lleguen a la gente a precios irrisorios. Los extranjeros nos hacemos panzadas con la cantidad de libros que podemos comprar, por lo que acá compraríamos uno o dos.
Ví un País donde la gente se expresa con libertad ante desconocidos como nosotros, y cuenta las cosas que le gustaría que fueran diferentes, cuenta sus carencias y sus logros.
Ví un País donde todos los cultos tienen las mismas posibilidades, donde hay iglesias de todos los credos, pero el Estado no interviene ni para sostenerlas ni para combatirlas. Son de sus fieles. El Estado se hace a un lado y los deja hacer. Y me parece bien, ya que la Fe debe pertencer a la intimidad del hombre, no ser una custión de Estado.
Los cubanos saben que son un País pobre. Y por supuesto, como todos, quisieran vivir en un País rico. Pero no reniegan de su manera de compartir la pobreza. Lo hacen con dignidad.
Me quedo con las palabras de un amigo cubano: --"¡Pues claro que la burgesía es sensacional!! El problema es que no alcanza para todos...".

Para ser justo, debo también destacar las cosas que ví que no me gustaron:
No han sabido resolver aún la desigualdad de oportunidades que plantea la concurrencia de turistas. No todos los Cubanos reciben las mismas ventajas originadas en este flujo continuo de divisas. Algunos reciben más que otros. Y eso causa enfados y desconfianzas.
Tampoco han resuelto el tema del trabajo y su distribución. Hay muchos talentos desperdiciados en tareas que no son afines a sus posibilidades. Hay mucho "sub-empleo" medido de esa manera. También podríamos decir que lo que hay en realidad es una sociedad "sobre-educada". Sería otra visión de la misma cuestión.
Y no han conseguido que todos tengan ganas de trabajar. Hay muchos vagos que se escudan en el "no tenemos incentivos" para hacer el menor trabajo posible. Otros dan como motivos los dos anteriores: Todos quisieran trabajar con turistas, y todos quisieran trabajar en aquello para lo que fueron capacitados.
Pero la realidad diaria les marca otra cosa, y algunos lo asumen, y aún así trabajan con alegría. Pero otros trabajan de mala gana y están siempre disconformes.
Las otras cosas que puede haber visto y no me han gustado, son absolutamente desdeñables.
Veo a la Isla de Cuba como un gigantesco tubo de ensayo, en el que se está desarrollando un experimento social único (y probablemente irrepetible). Y no me quiero perder sus resultados. Así que este NO será el ültimo viaje a Cuba, como pensaba.
Espero volver en unos pocos años, a disfrutar de los avances que logre ese pueblo maravilloso.

Nuevamente, el Aeropuerto


Llegamos bien tempranito, serían como las 5 y pico de la mañana, y debíamos devolver el auto en la oficina de Rex de la Terminal 2. Cuando finalmente la encontré, sin demasiado trabajo, estaba cerrada y no había nadie adentro. El aeropuerto estaba muy desierto, casi sin gente.
Me dirigí a la oficina de informes, para preguntar, y desperté con amabilidad al empleado que dormía plácidamente sobre sus brazos, contra el escritorio. Me indicó que no me preocupara, que seguramente el empleado de Rex estaría durmiendo en algún auto, que el lo iba a llamar. Así lo hizo, por celular, y a los 5 minutos apareció un joven con cara de "recién me despierto, no me pidan nada brillante", que nos indicó que para devolver el auto, deberíamos hacerlo en el nivel inferior, que allí arriba no podía recibirlo.
Me dio las indicaciones, y dejando a Elisa con el equipaje, me fuí a buscar al acceso a planta baja, dando una larga vuelta. Cuando creía haber encontrado el camino, me hizo señas la encargada de la playa que allí no era, que diera para atrás y siguiera la curva por abajo del puente. No sé cuántos caminos había, pero tomé el equivocado. Noté que me alejaba, pero no tenía forma de retomar, era una autopista con pared en la mitad entre los dos carriles....Después de unos 8 Km, la pared se hizo cantero, con lo que retomé, ilegal pero disimuladamente y regresé al aeropuerto.
El joven de Rex me tomó un poco el pelo por la tardanza mientras yo mascullaba bronca pensando en lo fácil que es poner carteles....
Casi no revisó el auto, sólo que el tanque estuviera lleno y el kilometraje, hicimos los papeles correspondientes y me devolvió el cupon de la tarjeta que había dejado como depósito de garantía. Todo bien, pero la mayoría de los empleados seguía durmiendo a esa hora, en sus puestos de trabajo.
Llegó la hora de cambiar los pocos pesos cubanos, mn y CUC que nos quedaban. Lo hicimos en la misma oficina que los habíamos comprado al ingresar, pero, hete aquí que nos encontramos con una nueva sorpresa: No quisieron comprar los pesos mn. "Esos sólo los compran en las oficinas del centro", nos dijo la empleada.

Inútil toda queja, con gran indignación, decidí que era mejor regalar esos 300 $mn, antes que llevarlos de recuerdo a casa, Buscamos a la moza que tan amablemente nos había servido el desayuno, le explicamos la situación y se los regalamos. Ella, felíz, no se lo esperaba. Nosotros, con mucha bronca, no por el importe perdido, sino por lo desleal del procedimiento de CADECA. No le perdono al gobierno Cubano que haga cosas así. Son inmoralidades legales.
Fuimos entonces a despachar el equipaje, y nos presentamos ante las autoridades de Cubana, luego de hacerlo, para reclamar por el voucher de Taxi que nos fuera rechazado el 1 de Enero, y que nos terminó costando 25 CUC. Se hicieron un poco los tontos, nos derivaron a hablar con el encargado de la agencia Sol y Son, que era la emisora del voucher, quien se hizo olímpicamente el tonto, y de mal modo, nos contestó qu ellos no tenían nada que ver, que haga el reclamo formal a Cubana de Aviación. Insistí, y así lo hice, pero me tuve que hacer copias sin carbónico, y me dijeron que por las dudas, lo presente en Buenos Aires. (Me sonó algo así como "andá a cantarle a Gardel....")
Nos fuimos, con la sensación de que cualquier método es bueno para obtener ventaja, derecho o torcido. Y también, que nadie se hace responsable por cuestiones de su compañía. A duras penas, de su trabajo específico.
El viaje de retorno fue pacífico y tranquilo, con asientos mejores (mas adelante que a la ida), y entre películas y comidas, se nos pasó bastante rápido.
Queda un espacio para la reflexión, que trataremos en los próximos días, sobre la realidad y actualidad Cubana, y lo que vislumbramos desde nuestra empobrecida óptica, y traducimos en nuestras conclusiones personales. Nos estamos viendo.

Otra vez, La Habana

El viaje hasta La Habana no tuvo ningún tipo de contratiempo, fue fácil, y la ruta (todo autopista) muy directa.
Vimos vendedores ambulantes, que se exponen bastante para ofrecer sus productos (quesos, dulces) al paso de los autos. De todos modos, no vimos nadie andando demasiado rápido.
La entrada a la ciudad de La Habana se nos complicó sólo un poquito, porque no sabíamos por que calle o avenida "convenía" entrar, pero llegamos bien, un poco gracias al mapa (No teníamos uno detallado de los alrededores) y otro poco, como siempre, preguntando.
Cuando finalmente encontramos la casa adonde nos dirigíamos, la sorpresa fue bien agradable, ya que era una casa grande y muy bien cuidada. Esta vez, no había más contacto previo que una llamada telefónica, habíamos sacado los datos de este Sr. de una página web, y resultó ser una persona muy agradable, instruída, viajada, y que nos hizo las cosas bien fáciles.
Estábamos en pleno Vedado, un barrio muy bonito, a metros de la Avda. de los Presidentes, que es también muy hermosa. Vean la foto de la casa, y el auto que alquilamos en la puerta:



Teníamos aquí dos habitaciones, una a cada lado de la casa, con entradas y baños independientes. Nosotros pasaríamos una sola noche, Raquel y Ariel, tres.
Nos quedaba sólo un rato para pasear por allí, cosa que hicimos con ganas: caminamos por el Malecón, comimos algo, y a dormir, que a la mañana debíamos madrugar para ir al aeropuerto a entregar el auto y tomar nuestro vuelo de regreso.
Antes de acostarnos, se me ocurrió salir a comprar un agua mineral para tener a mano. Era tarde ya, debí caminar unas 7 cuadras (terminé comprándola en un cabaret). Pero fue grande la sorpresa al encontrarme con que a esa hora, la Avda de los Presidentes se encontraba colmada de jóvenes. No había un banco libre, estaban en ruedas sentados en el pasto, caminaban de acá para allá, había mucha música, guitarras, grupos por doquier. Era como una fiesta realmente, y todos parecían pasarla muy bien, y sanamente. Me gustó mucho, y si bien no era exactamente lo mismo, me recordó mucho a la Plaza Juvenil que habíamos visto en Santiago, de la que ya hablé.
Ahora sí, nos íbamos a dormir, no sin antes saludar al dueño de casa y al "cuidador", un hombre que pasaba la noche sentado en el hall de la casa, cuidando el auto, y al que debíamos entregarle las llaves de la habitación por la madrugada, cuando nos fuéramos.
Nos ayudó a cargar el equipaje, y a abrir y cerrar el portón cuando nos fuimos. Encontramos rápidamente el camino al aeropuerto, cargamos combustible por el camino, para entregar el auto con el tanque lleno, y llegamos, tan sólo preguntando dos veces, a la terminal indicada del aeropuerto José Martí. Pero eso, merece un capítulo más.

Santa Clara

Santa Clara fue para mí, un poco decepcionante. Tal vez porque mi expectativa era demasiada, pero en realidad, la ciudad no me parece que tenga grandes atractivos.
Hay dos lugares imperdibles para cualquier argentino, pero no encontramos más excusas para quedarnos más tiempo.
Y se pueden visitar los dos en el mismo día, aún caminando.
Uno es el mausoleo del Ché y su museo asociado, y el otro es el monumento que recuerda el ataque al tren blindado que dirigió allí mismo el Che, poco antes de la victoria de la revolución.
El Mausoleo es un monumento imponente, demasiado grande para mi gusto, con una gran estatua del Che en su cúspide, que debe tener como 6 o 7 m de altura, que hace que para apreciarla bien, junto a su base, haya que alejarse demasiado, con lo que se pierden todos los detalles. Es imponente, pero no es mi gusto.



El museo que está a sus pies, refleja toda la historia del Ché, y es realmente muy interesante, vale la pena verlo.
La parte baja del mausoleo, guarda los restos del Ché y de todos sus compañeros caídos en Bolivia junto a él, salvo los de aquellos 4 de los que nunca se recuperaron los mismos. Un frio sepulcral, una llama votiva, y una explicación serena y amable de la muchacha de custodia, que nos dejó muy satisfechos.
En el hall de entrada, había una muestra de retratos del Ché, todos a partir de la famosa foto con su boina que tanta difusión tuvo y tendrá, hechos en los materiales más diversos: papel, cuero, caracoles, etc. Una curiosidad, no más.
Todo este conjunto es el único lugar público de Cuba donde nos hicieron dejar todos los bultos que llevábamos, incluso cámaras fotográficas, bolsos y/o mochilas, en el guardarropa, antes de entrar.
El monumento al asalto al tren blindado, me gustó mucho más. Debe ser porque lo asocio más con la vida. (El mausoleo va indisolublemente ligado a la muerte.)



Se vén los restos del tren blindado que transportaba armas del gobierno de Batista y que fuera descarrilado y saqueado en ese mismo lugar por las tropas revolucionarias al mando del Ché. Dentro de los vagones hay paneles explicactivos de cómo fue planeada la acción, y también está la topadora con la que levantaron las vías para posibilitar el ataque y evitar la fuga del tren retrocediendo.



Fue una de las últimas grandes acciones armadas de la guerrilla, y tuvo un alto valor simbólico.
Se vé armamento utilizado por ambos bandos, y hasta una botella de gaseosa transformada en bomba molotov, tal como la usaban los revolucionarios.
Un lugar muy interesante, para mi gusto.
Y fue la última visita que haríamos a un lugar histórico en este viaje.
De aquí, nos quedaba regresar a La Habana, y a la mañana siguiente, embarcarnos de regreso a Buenos Aires.
Pero lo que falta, dá para algunos comentarios más. Nos vemos.

Playa de Ancón



A la mañana nos fuimos para la playa, a unos 12 Km del centro de la ciudad. Con el auto, estuvimos en un ratito. Y al mediodía ya estábamos en el agua. Cálida, transparente, pero, para nuestro gusto, demasiado quieta. (Como ven en las fotos, no hay ni una olita)
Las playas no tienen acá declive muy pronunciado, y parecen ser seguras. Hay mucha vigilancia, y concurre principalmente gente que está alojada en los grandes hoteles que hay sobre la misma.
En seguida te ofrecen reposeras (2 CUC por día) y por supuesto, se pueden pedir bebidas. También pasan los que ofrecen Cocos frescos, y los abren a puro golpe de machete ahí mismo.

Ariel quería sacarse el gusto de bucear, y este era el lugar adecuado, así que averiguó todo, pago, se embarcó, y la pasó muy bien, sumergido entre corales, viendo pececitos de corales y otros bicho. Nosotros preferimos el ocio an la arena o en el agua, que estaba hermosa.


Un detalle me llamó la atención: supongo que porque es un lugar de observación privilegiado, en la terraza del hotel había montado un radar y personal militar tenía allí arriba un pequeño destacamento techado.


En la playa, no encontré demasiados animalitos raros (a mí me gustan), sólo esta especie de cangrejo, que parece alojarse dentro de la caparazón de un caracol, o tal vez tenga caparazón propia, no sé. Véanlo:




Pasamos un rato muy bueno en la playa, pero debíamos partir. Nos esperaba Santa Clara y sus recuerdos del Ché, y hacia allí iríamos en un rato.

Trinidad en la música

Nos sorprendió gratamente la gran actividad musical que encontramos en la ciudad. Vimos tiendas de música grabada, y otra que vendía instrumentos musicales.





Se escuchaba música en vivo en mucho de los lugares para comer, aún al mediodía o la tarde temprano.
Y a la noche, se disputan al turista unos a otros, ofreciendo todos música en vivo, grupos de danza, etc.






Elegimos ver en acción un ballet que ofrecía danzas típicas de la tradición de la gente de color, que si bien no comprendimos en su totalidad, ya que lo que hablaban no era español, sino probablemente creole o algo parecido, nos gustó mucho.







Bailaban con gran despliegue de energía, era algo muy teatral. Van un par de fotos para que tengan una idea.
Los derechos de espectáculo que se pagan en cualquier parte son muy módicos: en general, 1 CUC por persona. Comparen con el precio de un Mojito o un Daiquirí, que suele estar a 2 ó 2,5 CUC.
En definitiva, salimos muy contentos, aunque hambrientos, ya que no servían nada de nada para comer, sólo tragos.
Salimos de allí y en la esquina, que estaba bastante animada, no encontramos con un puestito callejero que vendía sándwiches de jamón, queso y tomate. Eran grandes, con pan del tamaño de una hamburguesa grande, y bastante altos y bien rellenos. Los vendían cortados al medio en diagonal, por 5 $mn c/u. Realmente regalados. Y los que los comieron, dicen que muy ricos... claro, no había sándwiches para celíacos. Sería demasiado pedir, ¿no?. Nos fuimos a dormir, ya que la mañana siguiente, nos iríamos a conocer las playas cercanas...