Llegamos bien tempranito, serían como las 5 y pico de la mañana, y debíamos devolver el auto en la oficina de Rex de la Terminal 2. Cuando finalmente la encontré, sin demasiado trabajo, estaba cerrada y no había nadie adentro. El aeropuerto estaba muy desierto, casi sin gente.
Me dirigí a la oficina de informes, para preguntar, y desperté con amabilidad al empleado que dormía plácidamente sobre sus brazos, contra el escritorio. Me indicó que no me preocupara, que seguramente el empleado de Rex estaría durmiendo en algún auto, que el lo iba a llamar. Así lo hizo, por celular, y a los 5 minutos apareció un joven con cara de "recién me despierto, no me pidan nada brillante", que nos indicó que para devolver el auto, deberíamos hacerlo en el nivel inferior, que allí arriba no podía recibirlo.
Me dio las indicaciones, y dejando a Elisa con el equipaje, me fuí a buscar al acceso a planta baja, dando una larga vuelta. Cuando creía haber encontrado el camino, me hizo señas la encargada de la playa que allí no era, que diera para atrás y siguiera la curva por abajo del puente. No sé cuántos caminos había, pero tomé el equivocado. Noté que me alejaba, pero no tenía forma de retomar, era una autopista con pared en la mitad entre los dos carriles....Después de unos 8 Km, la pared se hizo cantero, con lo que retomé, ilegal pero disimuladamente y regresé al aeropuerto.
El joven de Rex me tomó un poco el pelo por la tardanza mientras yo mascullaba bronca pensando en lo fácil que es poner carteles....
Casi no revisó el auto, sólo que el tanque estuviera lleno y el kilometraje, hicimos los papeles correspondientes y me devolvió el cupon de la tarjeta que había dejado como depósito de garantía. Todo bien, pero la mayoría de los empleados seguía durmiendo a esa hora, en sus puestos de trabajo.
Llegó la hora de cambiar los pocos pesos cubanos, mn y CUC que nos quedaban. Lo hicimos en la misma oficina que los habíamos comprado al ingresar, pero, hete aquí que nos encontramos con una nueva sorpresa: No quisieron comprar los pesos mn. "Esos sólo los compran en las oficinas del centro", nos dijo la empleada.

Inútil toda queja, con gran indignación, decidí que era mejor regalar esos 300 $mn, antes que llevarlos de recuerdo a casa, Buscamos a la moza que tan amablemente nos había servido el desayuno, le explicamos la situación y se los regalamos. Ella, felíz, no se lo esperaba. Nosotros, con mucha bronca, no por el importe perdido, sino por lo desleal del procedimiento de CADECA. No le perdono al gobierno Cubano que haga cosas así. Son inmoralidades legales.
Fuimos entonces a despachar el equipaje, y nos presentamos ante las autoridades de Cubana, luego de hacerlo, para reclamar por el voucher de Taxi que nos fuera rechazado el 1 de Enero, y que nos terminó costando 25 CUC. Se hicieron un poco los tontos, nos derivaron a hablar con el encargado de la agencia Sol y Son, que era la emisora del voucher, quien se hizo olímpicamente el tonto, y de mal modo, nos contestó qu ellos no tenían nada que ver, que haga el reclamo formal a Cubana de Aviación. Insistí, y así lo hice, pero me tuve que hacer copias sin carbónico, y me dijeron que por las dudas, lo presente en Buenos Aires. (Me sonó algo así como "andá a cantarle a Gardel....")
Nos fuimos, con la sensación de que cualquier método es bueno para obtener ventaja, derecho o torcido. Y también, que nadie se hace responsable por cuestiones de su compañía. A duras penas, de su trabajo específico.
El viaje de retorno fue pacífico y tranquilo, con asientos mejores (mas adelante que a la ida), y entre películas y comidas, se nos pasó bastante rápido.
Queda un espacio para la reflexión, que trataremos en los próximos días, sobre la realidad y actualidad Cubana, y lo que vislumbramos desde nuestra empobrecida óptica, y traducimos en nuestras conclusiones personales. Nos estamos viendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario