Llegó el 2 de enero, madrugón, que a las 4:30 nos pasarían a buscar para ir al aeropuerto. ¿Pasarían? ¡Pasariola!
El taxi nunca llegó, ni conseguimos que un taxi cualquiera aceptara el voucher que nos había dado Cubana. Por suerte, un taxista aceptó cargarnos a los 4 y todas las valijas (que eran bastantes para su pobre auto, lo reconozco) y por módicos 25 CUC nos llevó al aeropuerto, donde fue inútil reclamarle a Cubana, pues se desentendieron del problema, indicando que le vayamos a reclamar al Sr. Tavares, como si fuera ajeno a la Compañía....sin palabras.
Por lo menos, teníamos los lugares reservado en el vuelo, y allá fuimos.
Llegado a Santiago, debimos conseguir transporte y alojamiento para esa noche, ya que los planes originales y nuestra reserva, se habían ido al demonio con la llegada más que tardía. Igualmente, en la casa reservada, cuando hablamos por teléfono, nos informaron que sólo tenían una habitación disponible, de las dos reservadas, así que la deshechamos.
Fuimos al hotel elegido desde el aeropuerto con la ayuda de Infotur, y nos sorprendieron con que el hotel costaba el doble, exactamente, de lo que nos habían informado. Pero ya estábamos allí, era una sola noche, así que desitimos de pelear.
Nos instalamos, y fuimos a retirar el auto que habíamos reservado para completar nuestras vacaciones. La verdad, un auto hermoso, casi diría de lujo para lo que estamos acostumbrados. Una nave, dirían nuestros hijos. Llamaba la atención en todos los pueblos donde entrábamos, pero el hecho es que para los 4 y todo nuestro equipaje, un auto más chico no hubiera servido. Tenemos que aprender a viajar con menos cosas a cuestas, es obvio.
Hablamos en Santiago con varios argentinos que habían estado presentes en el acto oficial, y los comentarios fueron que no pudieron ver casi nada, que la plaza era muy chica y que el público no se podía acercar mucho al acto en sí, que resonaba entre la gente que llenaba las calles adyacentes a la plaza.
¿Doble decepción? No lo pude ver porque no estuve, pero si hubiera estado, tampoco hubiera visto casi nada...
Creo, en definitiva, que el "festejo popular" pasó sólo por los corazones de los que aún creemos en la revolución socialista, pero sin demasiadas exteriorizaciones.
Nos quedó una sensación amarga en la boca: Recorríamos las calles de Santiago, arriba y abajo, buscando aunque sea retazos de lo que habíamos ido a buscar, infructuosamente.
Sólo encontrábamos argentinos. Por todas partes daban vueltas. acá y allá, revisando librerías, adivinando coterráneos en cada remera o gorra del Ché...¿Por que había tantos?
No hay comentarios:
Publicar un comentario