La idea de viajar, estaba dando vueltas, pero la oportunidad realmente despertó cuando una persona allegada nos avisó que una Cubana, residente en Argentina, de nombre Niurka, estaba organizando un viaje masivo para la ocasión.
Nos gustó la idea, sería mucho más interesante compartir todo el viaje con un grupo importante de Argentinos, que iríamos juntos a todos lados, y con los quienes podríamos debatir todos y cda uno de los temas que surgieran. Esta posibilidad enriquecía notablemente el viaje, lo que ayudó a convencer a Elisa.
En la primera reunión con Niurka, nos ofreció un panorama de costos, con alojamientos en casas de familia y hoteles, muy convenientes, y un pasaje aéreo que si bien era "incómodo", resultaba económico.
Comenzamos a promocionar el viaje entre amigos y familiares, y se engancharon algunos de ellos. Ariel y Raquel ya eran de la partida.
En las sucesivas reuniones, íbamos conociendo a otros miembros del grupo (íbamos a ser 100), y también la inconstancia e ineficacia de Niurka.
Los precios iban cambiando, ya nada era tan barato salvo el pasaje, los alojamientos no se conseguían, los participantes querían hacer cosas y recorridos diferentes....
A eso se sumaba que no se sabía si el acto principal iba a ser en La Habana o en Santiago de Cuba.
Pasaba el tiempo y en lugar de soluciones, teníamos cada vez más dudas.
Con los pasajes ya en la mano y pagados, decidimos abrirnos del grupo y hacer la nuestra, contratando y organizando nuestro propio viaje.
Vía internet, sacamos pasajes aéreos de La Habana a Santiago para el 31/12, ya que el acto se había confirmado, sería en Santiago.
Alquilamos un auto para volver por tierra, recorriendo la Isla. Y contratamos por Internet alojamiento en casas de familia en casi toda la Isla, salvo La Habana, donde elegimos un hotel económico, también por el mismo medio.
Niurka, a la que seguimos viendo un tiempo más, cada vez daba menos seguridades y más problemas. La abandonamos completamente, junto con la idea original de integrar un numeroso grupo viajero.
Etapa de desencanto, ya que desaparecía uno de los principales motivos para hacer "éste" viaje: lo colectivo. Y nos quedábamos con los pasajes aéreos que si bien eran económicos, nos hacían muy incómodo el viaje.
En más de una ocasión, Elisa quiso abandonar el proyecto y dejarlo para otra oportunidad. Mis ganas e insistencia pudieron más. La convencí.
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