El hotel estaba en esas fechas en refacciones, como la mitad de la ciudad vieja. Parte ya ha sido reciclado, y las habitaciones no son "tan" feas. Sí, tienen bastante humedad, pero el baño estaba modernizado, bueno y limpio. No había placard ni ropero, sino una barra con perchas, pero tenía TV, AA y caja de seguridad.
Algo que extrañamos mucho, fue la luz de lectura. Sólo había una lámpara de techo, no muy potente. Nuestra habitación daba a la calle, y ésta es muy ruidosa durante la noche, ya que a una cuadra, hay un bailable, y tienen la música fuerte por lo menos hasta las dos de la mañana, o más.
El salón desayunador, una terraza en el noveno piso, tiene una vista magnífica, y mucho personal, con un servicio más o menos variado de desayuno buffet (Sírvase Ud. mismo) de calidad aceptable.
El gran tema de este hotel es el barrio. Los locales lo llaman "La Habana Profunda". Su entramado social parece complejo, pero el nivel predominante es muy bajo.
La gran mayoría de las casas está en ruinas, y los cubanos que viven en ellas, parecen ser mayoritariamente desocupados.
Las calles no son limpias, y los olores, variados.
No hemos visto ni hemos sabido de ningún robo, asalto o arrebato, pero el lugar no inspira confianza. Definitivamente, no es un barrio agradable. Si bien anduvimos de noche, nos recomendaron evitar las calles más oscuras. Algunas son, por lo menos, tenebrosas.
Es cierto que se está muy cerca de La Habana vieja, pero hay que tener en cuenta que esa no es para todos una ventaja importante.
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