Teníamos pasajes de Buenos Aires a Lima, con trasbordo allí y vuelo a San José de Costa Rica, nuevo trasbordo y de allí a La Habana, con vuelos de código compartido de TACA y LACSA.
La espera en Lima, razonable, de una hora y pico. La de San José, rozaba lo desesperante: casi 6 horas.
Primer desencanto con TACA: cuando, meses antes del vuelo, pedí que tuvieran presente mi condición de celíaco para los menúes a bordo, me informaron que ellos no atienden "dietas especiales"
Masticar la bronca y allá fuimos, con mis provisiones a bordo.
El vuelo fue, digamos, "normal". En estos vuelos económicos, colocan tantas filas de asientos en los aviones, que la comodidad es comparable a la de viajar 6 personas en un Fiat 600...
Pero los vuelos se desarrollaron sin mayores novedades. Veíamos muchos Argentinos, entre ellos, algunos de los que estábamos en los planes originales de Niurka, que también la habían abandonado.
Muchas medidas de seguridad en los aeropuertos, todos remozados o en camino de renovaciones.
Ya estábamos pensando, pese al cansancio, en lo que nos esperaría en el Aeropuerto de La Habana, llenos de advertencias y prejuicios como veníamos, cargando con todos los miedos recogidos en diversas páginas de Internet antes del viaje.
Pero eso lo hablaremos en la próxima entrada.
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