Imaginen la escena: anochecer en Santiago de Cuba, 2 de Enero de 2009, sentados en la terraza de un boliche comiendo algo a modo de cena, sobre la vereda de un cruce de avenidas importantes. Mucho tránsito. Muchas "guaguas", de estas nuevas, chinas, enormes, con un fuelle en el medio para poder doblar.
Vemos con sorpresa que de cada una de ellas, bajan decenas, centenas tal vez, de jóvenes. No importa de donde vengan, todos bajan acá y caminan hacia el mismo lugar.
Nos llama mucho la atención. Una hora, hora y media después, el espectáculo continúa.
Preguntamos. --Van a bailar-- es la respuesta.
¿Adonde? Inquirimos.
--Allí, a la plaza-- es la respuesta
Y allá fuimos, a ver como era esto.
Y era realmente sorprendente. Había cientos, me atrevo a decir que un par de miles de jovenes bailando o parados, escuchando la música que salía de terribles baffles, apiñados en una gran plaza que tenía un cartel enorme que decía "Plaza Juvenil". Había vendedores ambulantes, y un par de kioscos en las veredas. Observamos todo con atención. Unos cuantos fuman. Unos cuantos toman refrescos. Unos pocos, vemos que sacan del bolsillo o de la cartera, alguna petaca, con algo que no es tan "sancto".
Pero lo que venden entre ellos son: chupetines, refrescos, chicles; Los puestos de los costados, algún sandwich, algún bocadillo.
El clima es tranquilo. Pero las chicas y chicos parece que explotan de sensualidad.
Sus movimientos, sus vestimentas, su forma de acercarse, de bailar, todo es sensual al extremo.
Miramos y más miramos. Comenzamos a preguntar a algún mayor que hay contra una pared:
Esto es así viernes, sábado y domingo. Dura hasta las 2 ó 3 de la mañana. No suele haber problemas, hay mucha policía, nos indica.
Me siguen chocando los chupetines. Esos no son sensuales, aunque tengan forma de bolita. Tienen toda la inocencia de su nombre con ellos. Suena como fuera de lugar, pero ahí está.
Los chicos/as son de todas las edades, me atrevo a decir que debe haber desde 14 a 25 o más. No se notan diferentes tribus urbanas. Tal vez esta sea toda una, y las otras se juntan en otras plazas.
Me dicen que en un rato viene un conjunto a tocar en vivo. La música que escucho no me atrae mucho, queremos madrugar mañana, así que no nos quedamos.
Pero nos vamos a dormir con la imagen del vendedor de chupetines y chicles en la cabeza. Es, para nosotros, muy rara ¿No?
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