Y Bueno, una vez aquí, comenzamos a maravillarnos. En varios sentidos. Encontramos en Trinidad una ciudad diferente a todas las que ya habíamos visto. La arquitectura colonial se conserva en muchas casas y casonas, en óptimo estado.
Yo no sé mucho del tema, pero me llamó mucho la atención la forma en la que están diseñadas la mayoría de las casas: frente directamente sobre la línea de edificación de la vereda, entrada grande central a un gran ambiente que ocupa todo el ancho del terreno, con un techo de madera a la vista a dos aguas (frente y fondo), y que está dividido en tres: Una sala principal central y un ambiente a cada lado. Los ambientes tienen en general ventanas a la calle, una cada uno y dos, a los lados de la puerta, la sala central. Techo muy trabajado, y de gran altura, pero las paredes divisoria no llegan a el, por lo que los ambientes se comunican por arriba, creando un efecto extraño, y dando mucha frescura. El techo se prolonga hacia atrás, con menor caída, para lograr más ambientes detrás de los ya nombrados, y que dan al patio trasero.
Si encuentro un plano, lo publicaré. En la foto se vé el frente de una de estas casas, una bastante grande, con una suerte de recova delante, poco frecuente.
Encontramos muchas casas que se ven muy bien conservadas. En general se pueden ver desde la vereda, ya que los cubanos dejan siempre las ventanas abiertas, y estas dan directamente sobre la vereda.
El museo local de arquitectura es muy bueno, y ejemplifica claramente todas estas cusetiones, y las analiza con profundidad. Vale la pena hacerse un rato para visitarlo.
Otra cosa que me gustó mucho de la ciudad, y que no hemos visto en otras, son las artesanías en bordado, de muy buena calidad, y en una cantidad inusitada. Me gustó especialmente el trabajo que hacen con hilos de color sobre fondo crudo o blanco, con un punto que llaman "Trinitario", y con el hacen caminos de mesa, manteles, y todo tipo de carpetas y adornos.
También hay mucha ropa (guayaberas y vestidos, camisas y camisolas) con hermosos trabajos de bordado en blanco y en colores. La feria callejera donde se venden estas cosas, junto a las otras artesanías tradicionales de la isla, es una tentación enorme. Y los precios nos resultaron muy adecuados. Vean la foto más arriba.
Como si estos dos motivos no fueran suficientes, podría agregar que hay un museo muy especial, el de los bandidos, que no debe dejar de visitarse. Vale aclarar que en Cuba llaman bandidos a aquellos que, luego del triunfo de la revolución, siguieron combatiéndola, con apoyo externo, hasta que fueron exterminados.
También son para destacar el museo romántico y el museo histórico de la Ciudad. Este último en una casona muy bien restaurada, con unos decorados preciosos. Vean un pedacito:
También los convido a ver desde una ventana del museo romántico, una de las fotos que más me gusta de las que saqué en este viaje. Al fondo, se ve el campanario del edificio que es actualmente el museo de los bandidos, y antes fuera un convento.
Bueno, creo que por hoy ya me extendí bastante. Trinidad me puede, no hay dudas.
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